En sala, el teléfono es un invitado más. Suena en el pase, en el cierre de caja, cuando hay una mesa de diez preguntando por el postre. Alguien lo silencia “un momento” y ese momento son cuatro tonos. El cliente ya está en otro local.
Lo que el cliente espera al marcar
- Que cojan. Aunque sean las 11 de la noche o las 8 de la mañana.
- Que le entiendan: idioma, fecha, número de personas.
- Que le digan sí o no con una alternativa real.
- Que le llegue un WhatsApp. No un “ya te apunté” que nadie escribió.
Si la reserva no está en el mismo calendario que usa el resto del equipo, no existe. El papel al lado de la caja se pierde. El Excel del dueño no lo ve el maître.
Por qué “ya lo coge el móvil del dueño” no escala
Funciona en un local de 20 cubiertos. En dos turnos, terraza y un número publicado en Google, el dueño no puede ser la centralita. Delegar en quien esté más cerca del teléfono produce huecos: se promete una mesa que el plano no tiene, o se rechaza una que sí había.
Un asistente de voz para restaurantes no sustituye a la sala. Sustituye el buzón. Usa el horario, las mesas y el anticipo mínimo que tú configuraste.
Línea AI en esa llamada
Línea AI es la línea del restaurante: 24/7, seis idiomas, reserva escrita en Regtrix. 199 €/mes y 500 llamadas. Extra a 0,30 €. Sin comisión por cubierto.
El demo se abre solo cuando dejas tus datos y llamas desde ese teléfono. Así sabemos quién eres y podemos contactarte.